Alex Katz 'Summer in Maine'

Alex Katz 'Summer in Maine'

Donnerstag, 14. Februar 2013Dienstag, 14. Mai 2013


Madrid, Spain

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Alex Katz: Summer in Maine
14 de febrero - 26 de abril de 2013

Coincidiendo con su participación ARCOmadrid, la Galería Javier López presenta una selección de obras recientes del artista norteamericano Alex Katz (Brooklyn, 1927) realizadas este verano durante sus vacaciones en Maine. Tras la excepcional acogida tanto de crítica como de público que recibió la retrospectiva ‘Once in a Lifetime’ con la que se inauguró el nuevo espacio expositivo a finales de 2010, se ofrece una nueva oportunidad de contemplar en Madrid, en un marco inmejorable, las últimas creaciones de uno de los pintores más significativos de su generación.

En ‘Summer in Maine’, evocando las estancias estivales del pintor y su círculo, se reúnen ejemplos de dos de los principales géneros de su producción: el retrato y el paisaje. Desde los 60, Katz ha desarrollado un innovador estilo realista que le distingue de sus contemporáneos por su simplicidad de línea, forma y color. Son sujetos recurrentes de sus composiciones, generalmente en lienzos de gran formato, tanto las personas como los paisajes más cercanos al pintor: por un lado, sus familiares y amigos, por otro su entorno más inmediato en el Soho neoyorquino o en los espacios naturales de la zona costera de Maine. En estas últimas obras la economía de la línea y el matizado uso del color nos hablan de la seguridad y claridad de una visión que ha mantenido a lo largo de su carrera. Se trata de imágenes esenciales, luminosas, directas y nítidas con elementos tanto realistas como abstractos, en las que una paleta reducida pero intensa, sensual y atrevida se combina con una pincelada ligera para representar los motivos en una particular perspectiva bidimensional, rechazando así cualquier encasillamiento.

Alex Katz encontró su lugar en la escena artística norteamericana a finales de la década de los 50 con una estética que reaccionaba ante el predominio del Expresionismo Abstracto y anticipaba el Pop Art, conciliando la abstracción y el realismo de posguerra en un estilo figurativo que definió como “totalmente americano”. Del primer movimiento le interesaron el gran formato y el énfasis en la superficie plana del cuadro, del segundo la influencia de los nuevos medios de comunicación, el uso de colores planos y brillantes y la preferencia por escenas de la vida cotidiana aparentemente intrascendentes, pero frente al grafismo opta por la exploración de la luz como elemento modulador de la superficie pictórica. Su interés por las manifestaciones creativas de la cultura de masas (el cine, la publicidad, el cómic, la fotografía) le aproximan a la sensibilidad plástica de artistas más jóvenes.

Desde sus inicios como pintor, ha preferido el retrato como modelo expresivo, consiguiendo que sus personajes - especialmente las figuras femeninas - se hayan convertido en verdaderos símbolos contemporáneos. Katz realiza una personal lectura del género, ya que su objetivo no es una representación fidedigna de los rasgos físicos o el estudio psicológico del retratado. Pintados del natural en una sola sesión, a pesar de sus amplias dimensiones nos resultan profundamente íntimos, el personaje mira al espectador o bien se gira para darle la espalda en un recurso casual de acostumbrada familiaridad que caracteriza su interpretación de la cotidianeidad de estas escenas.

El paisaje es el otro género pictórico predilecto desde que estudiaba arte en Maine, entendiendo la naturaleza como un conjunto de espacio y luz en constante evolución. En sus últimas series sobre flores hay una vitalidad atemporal que ya se intuía en sus conocidas composiciones paisajísticas de los 90, en éstas las brillantes manchas cromáticas que definen los distintos tipos de flores destacan sobre campos planos, son formas que están a punto de disolverse en la abstracción y uniformidad del tono, elemento recurrente en sus estilizadas imágenes, que reconoce como más instintivas que descriptivas.

Artista de gran reconocimiento internacional, entre sus últimas exposiciones cabría subrayar las de la National Portrait Gallery de Londres y la Albertina de Viena en 2010, así como la recientemente clausurada ‘Give me Tomorrow’ en Tate St. Ives y Turner Contemporary de Margate (Inglaterra). Algunas de sus próximas citas serán en la Haus Konstruktiv de Zurich y en el Musée Cantonal des Beaux - Arts de Laussane. A lo largo de su carrera ha recibido numerosos premios y su obra a pasado a formar parte de unas cien colecciones públicas en todo el mundo, desde el MoMA, el Metropolitan y el Whitney en Nueva York, hasta la Tate Modern de Londres, el MMK de Frankfurt, la Albertina de Viena, el MNCARS de Madrid o el Guggenheim de Bilbao - que ha adquirido la serie ‘Smiles’ (1993 - 94), en exposición junto a una selección de la colección del museo hasta el 27 de octubre -.

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To coincide with our participation in ARCOmadrid, the Galería Javier López is showing a selection of recent works by the American artist Alex Katz (b. Brooklyn, 1927), painted last summer while in Maine. Once in a Lifetime, the retrospective of Katz’s works that inaugurated our new gallery in late 2010, received overwhelming acclaim from critics and public alike, and this exhibition offers Madrid a fresh opportunity to see the latest work by one of the most important painters of his generation in the gallery’s incomparable setting.

Summer in Maine brings together examples of two of Katz’s most abiding interests, portrait and landscape, and evokes the summer months spent by the artist with family and friends on Penobscot Bay, Maine. Since the 1960s, Katz has developed an innovative style of realism, distinctive for its simplicity of line, shape and colour. His canvases are usually on a large scale and his recurrent subjects are the people and places that he knows best: members of his family and friends, and his surroundings in New York’s SoHo and the natural landscapes of coastal Maine. These recent paintings communicate, in their economy of line and subtle use of colour, the firmness and clarity of a vision maintained throughout his career. These are images that are clear, sharp, luminous and essential, combining abstract elements with realism; the palette is limited but intense, sensuous and bold, with light-handed brushwork, placing the subjects within a special, two-dimensional perspective, and creating a style that defies being pigeonholed.

Alex Katz found his place in the American art scene towards the end of the 1950s with an aesthetic that reacted against the dominance of Abstract Expressionism and anticipated Pop Art, marrying abstraction and post-war realism in a figurative style that he called ‘totally American’. With the Abstract Expressionists he shared an interest in large-scale formats and their emphasis on the painting’s surface plane. In common with Pop Art, he relished the influence of the new media, the use of flat, bright colour and a preference for scenes of daily life without any need for further meaning but, rather than focusing on graphic elements, he chose to explore light as the essential means of modulating the picture’s surface. His interest in the creative forms of popular culture—cinema, advertising, comics, photography—brought him close to the plastic sensibility of younger artists on the scene.

Since starting as a painter, he has preferred to express himself through the portrait and his figures—especially the women in his paintings—have truly become contemporary icons. Katz has a very personal slant on the genre, since he does not aim for a faithful verisimilitude in portraying physical features nor does he seek to convey the sitter’s hidden psychology—yet they are distinctive, individual and recognisable. Painted from life in a single sitting, despite their dimensions, they communicate a profound intimacy, as the subject looks at the viewer or turns her back on us in a casual manner that implies familiarity and this has come to characterise Katz’s capturing of everyday life in the scenes he creates.

Landscape has been the painter’s other favourite genre since he studied art in Maine, and he sees the natural world as a meeting of space and light that is constantly changing. In his most recent groups and series, centred on flowers, there is a timeless vitality that was already hinted at in his well-known landscape compositions from the 1990s, where bright patches of colour define the different kinds of flowers and stand out from the flat surfaces, shapes that are about to dissolve into abstraction and merge their hues, a recurrent motif in his stylised images, which he views as more instinctive than descriptive.

He is an artist of international renown and, among his most recent exhibitions, those at the National Portrait Gallery in London and the Albertina in Vienna in 2010 deserve particular attention, as does Give me Tomorrow in Britain, at the Tate St. Ives and the Turner Contemporary in Margate, which has just closed. Upcoming events include shows at the Haus Konstruktiv in Zurich and the Musée Cantonal des Beaux-Arts in Lausanne. Through the course of his career he has received numerous awards and his work is now included in around a hundred public collections across the world, from MoMA, the Metropolitan and the Whitney in New York, to the Tate Modern in London, the MMK in Frankfurt, the Albertina in Vienna, the MNCARS in Madrid and the Guggenheim in Bilbao, which has acquired Smiles (1993-94), a series which will be shown in exhibition with a selection from the museum’s collection until 27 October this year.